Raúl Zibechi, Autonomías y emancipaciones: América Latina en movimiento, Lima: Programa Democracia y Transformación Global / Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2007, 314 pp. ISBN: 978-9972-834-25-7.
Autonomías y emancipaciones: América Latina en movimiento, de Raúl Zibechi, examina los movimientos sociales que surgieron en América Latina frente a las transformaciones neoliberales desde la perspectiva de la autonomía, la autoorganización y la transformación social desde abajo. A través de diversas experiencias que van desde los zapatistas y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil hasta los movimientos indígenas, los piqueteros argentinos y las fábricas recuperadas por sus trabajadores, Zibechi no se centra únicamente en la conquista del poder estatal o en las reformas institucionales como vías de transformación social, sino en la capacidad de los movimientos para crear nuevas relaciones sociales mediante sus propias prácticas cotidianas.
Uno de los conceptos centrales del libro es la autonomía. Según Zibechi, una parte significativa de los nuevos movimientos sociales latinoamericanos busca crear espacios materiales y sociales relativamente independientes de los Estados y los partidos políticos, organizando cada vez más sus propias formas de vida, educación, producción y organización. Este proceso implica también un esfuerzo por alejarse de las formas jerárquicas de organización, reducir la separación entre quienes gobiernan y quienes son gobernados y desarrollar relaciones horizontales. Más que un programa que deba realizarse en el futuro, la nueva sociedad comienza a tomar forma en las relaciones que los movimientos construyen en el presente.
Este enfoque se extiende también a la producción y a las relaciones laborales. Zibechi subraya que cambiar la propiedad de los medios de producción no es suficiente por sí solo para crear relaciones emancipadoras. Destaca la importancia de transformar las tierras, las fábricas y otros espacios de producción en espacios donde se produzca sin patrones ni capataces y donde se desarrolle una división del trabajo igualitaria, horizontal y menos jerárquica. La autogestión, por tanto, no consiste simplemente en modificar la propiedad o la condición jurídica de una empresa, sino también en transformar las relaciones sociales y técnicas dentro del proceso de producción.
Uno de los capítulos más directamente relacionados con la autogestión obrera lleva por título “Fábricas recuperadas: de la supervivencia a la autogestión”. Zibechi considera las fábricas recuperadas de Argentina, Brasil y Uruguay como una respuesta específica desarrollada por los trabajadores frente al cierre de empresas provocado por el neoliberalismo y la desindustrialización. Al reactivar empresas cerradas y continuar la producción sin patrones, los trabajadores deben afrontar colectivamente problemas relacionados con la propiedad, el capital de trabajo, las materias primas, la comercialización y los conocimientos técnicos. Las ocupaciones de fábricas que surgen inicialmente de la necesidad de sobrevivir y preservar los puestos de trabajo se convierten así en espacios de experimentación de la autogestión obrera.
El capítulo siguiente, “Zanón. Otro mundo es posible: cerámicas Zanón,” ofrece uno de los ejemplos más detallados de esta transformación. Los trabajadores de Zanón ocuparon la fábrica y reanudaron la producción bajo control obrero, adoptaron la igualdad salarial y organizaron distintas funciones —desde la producción y las ventas hasta las compras y la administración— mediante comisiones colectivas. Los coordinadores elegidos en las distintas secciones desempeñan sus funciones de manera rotativa y reciben el mismo salario que los demás trabajadores, mientras que las decisiones fundamentales se toman en reuniones de sección y asambleas generales. Sustraer la función de gestión del control exclusivo de una capa separada de directivos permite que el control obrero se incorpore a la organización cotidiana de la producción.
Para Zibechi, la importancia de Zanón también trasciende los límites de la fábrica. Las relaciones desarrolladas por la empresa, organizada como FaSinPat, con los barrios, las organizaciones de trabajadores desocupados, las comunidades mapuches y diversas organizaciones sociales se presentan como un ejemplo de reconexión de la producción con fines sociales. De este modo, la autogestión obrera pasa a formar parte de un proceso más amplio de autonomía social y solidaridad: la cuestión no consiste únicamente en gestionar una empresa capitalista sin patrones, sino también en reconstruir la relación entre la producción y la comunidad. En este sentido, Autonomías y emancipaciones es una obra importante que sitúa las fábricas recuperadas por sus trabajadores dentro de las experiencias latinoamericanas más amplias de transformación desde abajo, autonomía y emancipación.